El territorio de la
DOP Sierra de Salamanca

Al sur de la provincia de Salamanca, en plena Castilla y León, se extiende uno de los territorios vitivinícolas más singulares de España. La DOP Sierra de Salamanca abarca 26 municipios en una superficie de 482 km², donde casi 130 hectáreas de viñedo se reparten en más de 600 parcelas dispuestas en bancales sobre las laderas del río Alagón y sus afluentes.

Nuestra Comarca

26 municipios con identidad propia

La denominación comprende los municipios de Cepeda, Cristóbal, El Cerro, El Tornadizo, Garcibuey, Herguijuela de la Sierra, Lagunilla, Las Casas del Conde, Los Santos, Madroñal, Miranda del Castañar, Mogarraz, Molinillo, Monforte de la Sierra, Montemayor del Río, Pinedas, San Esteban de la Sierra, San Martín del Castañar, San Miguel de Valero, Santibáñez de la Sierra, Sequeros, Sotoserrano, Valdefuentes de Sangusín, Valdelageve, Valero y Villanueva del Conde. La mayor concentración de viñedo se encuentra en Villanueva del Conde, Garcibuey, San Esteban de la Sierra, Santibáñez de la Sierra, Miranda del Castañar y Sotoserrano.

Viticultura

Los viñedos en bancales

La característica más visual del paisaje vitivinícola de la Sierra es el bancal: terrazas construidas durante siglos por los agricultores para aterrazar las empinadas pendientes y hacer posible el cultivo de la vid. El 98 % del viñedo está plantado en vaso. Los bancales permiten una mayor insolación de las cepas, mejor aireación de los racimos y protegen el suelo de la erosión. Su consecuencia directa es que la mecanización es imposible, lo que garantiza una viticultura de proximidad, artesanal y respetuosa con el entorno. Cada vendimia es manual, y muchas bodegas siguen usando el corvillo, una hoz pequeña tradicional de la Sierra.

Suelos y clima

Suelos con carácter: ácidos, variados y bien drenados

Los suelos de la DOP Sierra de Salamanca tienen carácter ácido, con textura predominantemente franco-arenosa, lo que los diferencia de la mayoría de comarcas vitivinícolas de Castilla y León. En el territorio conviven suelos franco-arenosos procedentes de roca granítica, suelos franco-limosos procedentes de pizarras y, en las zonas de transición, la singular corneana: una roca metamórfica muy dura, negra y brillante, con cristales de mica, que aporta a los vinos un perfil mineral característico. Esta diversidad geológica contribuye a la identidad de los vinos, pero no es lo que hace verdaderamente única a la Sierra.

La lluvia: el gran diferencial de la Sierra de Salamanca

Lo que convierte a este territorio en algo realmente excepcional dentro de Castilla y León es su régimen de precipitaciones. La Sierra de Salamanca recibe más de 1.000 mm de lluvia al año, concentrados principalmente en otoño y primavera, una cifra que multiplica por mucho lo que cae en la mayor parte de la región.

Esta abundancia de agua es la razón de que el paisaje de la Sierra sea tan verde y exuberante, tan distinto a la imagen seca que el viajero asocia a Castilla. Es también la explicación de que los viñedos aguanten sin riego en suelos de baja retención hídrica, y de que la vid desarrolle aquí una acidez natural, una frescura y unos aromas que difícilmente se consiguen en denominaciones más áridas.

Altitud y microclimas

A esta pluviometría excepcional se suma la variación altitudinal: los viñedos se sitúan entre los 400 y los 1.000 metros, con la mayoría entre los 600 y los 800. Esa diferencia de cotas genera microclimas muy distintos dentro de la misma denominación. Los veranos son calurosos y secos durante el día, pero las noches frescas de montaña frenan la maduración, preservan la acidez y permiten que los aromas varietales se desarrollen con tiempo y sin prisa. El resultado es una gama de vinos mucho más amplia de lo que cabría esperar en una denominación de este tamaño.

Entorno Privilegiado

Patrimonio natural

Parte de la zona de producción se encuentra dentro del Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia. La totalidad de la denominación forma parte de la Reserva de la Biosfera de las Sierras de Béjar-Francia, reconocimiento otorgado por la UNESCO que certifica el equilibrio histórico entre la actividad humana y la naturaleza en este territorio. El viñedo en bancales es el elemento más representativo de ese equilibrio: actúa como freno al avance de los incendios forestales y a la erosión del suelo, mientras mantiene una biodiversidad incalculable gracias a sus variedades autóctonas y su forma de cultivo tradicional.

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